Las actividades humanas, en particular la expansión e intensificación de las prácticas agrícolas, ejercen una presión significativa sobre el sistema territorial de la Tierra, afectando los límites planetarios como la integridad de la biosfera, los flujos biogeoquímicos y el uso del agua dulce.

La agricultura, la silvicultura y el uso de la tierra contribuyen aproximadamente con el 23% de las emisiones antropogénicas anuales de gases de efecto invernadero.

Si bien las soluciones climáticas basadas en la naturaleza, como la plantación de árboles, son parte de las estrategias globales de cambio climático, un informe del King’s College de Londres sugiere que depender únicamente de estas soluciones es «arriesgado».

El informe destaca deficiencias al considerar factores sociales, culturales, ambientales e institucionales en los planes de eliminación de dióxido de carbono (CDR), incluida la reforestación.

Los compromisos para la implementación de CDR a gran escala, equivalente a mil millones de hectáreas, enfrentan desafíos como la escasez de tierra, el uso conflictivo de la tierra y dificultades para coordinar esfuerzos en numerosas granjas pequeñas.

El informe también enfatiza la necesidad de una medición precisa del impacto de la CDR y advierte sobre el riesgo potencial de la liberación de carbono capturado en los árboles debido a amenazas relacionadas con el clima como enfermedades, sequías e incendios forestales.

El estudio subraya los complejos desafíos y limitaciones asociados con los esfuerzos de CDR a gran escala en tierra.