Chicago está lidiando con una crisis humanitaria mientras miles de migrantes, que llegaron a la ciudad huyendo de la violencia y el colapso económico, enfrentan condiciones de vida precarias a medida que se acerca el duro invierno. De los 23.000 inmigrantes que llegaron el año pasado, varios miles todavía viven en tiendas de campaña y campamentos improvisados.

Las autoridades han establecido 26 refugios, han utilizado habitaciones de hotel y han buscado ayuda de la Arquidiócesis de Chicago, pero hay un retraso de unas dos mil personas. Los planes para un campamento militar fueron suspendidos debido a la tierra contaminada. Los líderes locales discuten sobre soluciones, algunos insisten en construir edificios de ladrillo para el invierno y otros defienden la respuesta de la ciudad.

La crisis se intensificó después de que Texas envió autobuses de inmigrantes a Chicago, y las disputas políticas entre los líderes complican aún más la situación. Los activistas se quejan de la falta de transparencia y aumentan las tensiones en los barrios afectados por las soluciones propuestas.