El gobierno ecuatoriano, encabezado por el presidente Daniel Noboa, logró controlar una serie de disturbios carcelarios simultáneos que ocurrieron durante una semana de intensificación de la violencia criminal. Más de 150 rehenes, entre guardias penitenciarios y personal administrativo, fueron liberados en las ciudades de Esmeraldas, Latacunga, Ambato, Cuenca, Azogues, Loja y Machala.

Los disturbios se convirtieron en un punto focal de una crisis de violencia más amplia que llevó al gobierno a declarar la «guerra» contra las bandas criminales, ahora clasificadas como grupos terroristas. A pesar de la liberación de la mayoría de los rehenes, hubo al menos cuatro víctimas mortales, entre ellas un guardia de prisión y tres reclusos.

La situación incluyó un tiroteo en la prisión de Machala, desafiando las garantías anteriores del Servicio Nacional de Atención Integral (SNAI) de que el motín estaba bajo control. En Esmeraldas, la liberación de once guardias penitenciarios se produjo de forma pacífica mediante negociación con la intervención de la Iglesia.