Las naciones modernas generalmente no pueden tener fronteras completamente abiertas debido a limitaciones prácticas y políticas. En Estados Unidos, inmigrar legalmente es un desafío, pero hacer cumplir las regulaciones de inmigración también es difícil debido a las limitaciones de recursos. Los republicanos en el Congreso han sido criticados por no asignar fondos suficientes para la aplicación de la ley de inmigración, y algunos lo atribuyen a motivos políticos, incluidos posibles beneficios electorales derivados del caos fronterizo.

Algunos argumentan que esta postura tiene sus raíces en la xenofobia o el racismo, con sentimientos como los expresados por el expresidente Trump que sugieren que los inmigrantes, particularmente los no blancos, son perjudiciales para el país. Otros, como el ex asesor de Trump Stephen Miller, han abogado por restringir la inmigración para proteger los empleos estadounidenses, a pesar de la evidencia que muestra que los trabajadores nacidos en el extranjero contribuyen positivamente a la economía.

Contrariamente a las opiniones negativas sobre el impacto económico de la inmigración, las investigaciones indican que los trabajadores nacidos en el extranjero han sido vitales para el reciente éxito de Estados Unidos en lograr crecimiento económico y reducir la inflación. A pesar de las preocupaciones sobre la competencia laboral, la afluencia de trabajadores extranjeros no ha afectado negativamente el empleo o los salarios nativos, y los datos sugieren que incluso podría haber beneficiado a la fuerza laboral nativa.