Ayer se produjo un regreso vacilante a las actividades normales en Puerto Príncipe y varias ciudades de Haití tras las recientes protestas violentas que resultaron en al menos seis muertes. Si bien algunas instituciones públicas y privadas reabrieron y se reanudó el transporte público, las calles todavía estaban más tranquilas de lo habitual y las escuelas permanecieron cerradas.

Desde mediados de enero, más de mil escuelas en todo el país han cerrado temporalmente debido a las protestas, particularmente en las zonas urbanas. En los últimos días se han producido manifestaciones antigubernamentales en al menos 24 ciudades, incluida la capital. Sin embargo, a pesar de este tímido regreso a la normalidad, las protestas que exigen la dimisión del primer ministro Ariel Henry continúan.

La incapacidad del gobierno actual para abordar la inseguridad ha alimentado los disturbios actuales, marcados por violencia, cortes de carreteras y saqueos, que han provocado enfrentamientos con la policía y víctimas. Organizaciones internacionales como UNICEF han expresado alarma por la violencia, particularmente su impacto en los niños, en medio de la crisis sociopolítica de Haití.

La agencia de la ONU destaca la terrible situación humanitaria en Haití, exacerbada por años de inestabilidad política, pobreza, epidemias y violencia armada, que deja a millones de niños necesitados de asistencia.